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La sala Vahdat, en el corazón de la capital iraní, se llenó ese día de mujeres, que pudieron disfrutar de la ópera

Una ópera solo de mujeres para mantener vivo este arte en Irán

Teherán, 28 mar (EFE).- Solo pueden actuar ante un público femenino y afrontan incontables restricciones, pero un grupo iraní de mujeres cantantes y bailarinas no se rinde en su meta de lograr que el arte de la ópera siga vivo en la antigua Persia.

Las mujeres tienen prohibido cantar o bailar en público ante los hombres en Irán desde el triunfo de la Revolución Islámica de 1979, que impuso una serie de códigos morales en el país que supusieron flagrantes limitaciones al arte y a las mujeres.

Pese a las dificultades, muchas artistas optaron con valentía por seguir trabajando en Irán y formar a nuevas generaciones en la música clásica y el ballet, disciplinas rechazadas como una influencia occidental por la teocracia iraní, aunque sus obras sean solo de mujeres y para mujeres.

“Después de esos cambios sociales, el canto, sobre todo el clásico, estaba desapareciendo, pero con el esfuerzo que nosotras realizamos pudimos avivar la luz de esa vela que se estaba apagando”, dijo a Efe la soprano iraní Shahla Milaní.

Esta cantante, que en la actualidad es profesora en la Escuela taller de música y en la universidad, decidió formar un grupo de canto llamado “Avaze Melal” (El Coro de las Naciones) cuando hace unos veinte años las autoridades volvieron a dar permiso a las mujeres para dedicarse a la música.

“Nuestro máximo logro ha sido familiarizar a la gente con la palabra ópera y con la palabra ballet. Ninguno de nuestros esfuerzos en estos veinte años ha sido en vano”, subrayó.

Aunque reconoció que su decisión de quedarse en Irán implicó un “sacrificio” y que habría sido más fácil trabajar en Europa, como hicieron muchas colegas, Milaní sentía que su “responsabilidad era educar a los cantantes iraníes y, al mismo tiempo, educar al público”.

Hace poco más de dos años, Milaní decidió ir más allá del canto. Con la coreógrafa Hayedeh Kishipour, quien tiene su propio conjunto de baile femenino, montaron la opereta “Arshin Mal Alan”, del compositor azerbaiyano Uzeyir Hajibeyov.

Toda una novedad en la escena artística iraní, a la que siguió la famosa ópera “Carmen” de Georges Bizet, que representaron por segunda vez en Teherán este mes, coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer.

La sala Vahdat, en el corazón de la capital iraní, se llenó ese día de mujeres, que pudieron disfrutar de la ópera pero no hacer fotos o vídeos, siendo requisados en la entrada los teléfonos móviles, ya que al tener permiso únicamente para actuar con y ante mujeres, las artistas deben tomar una serie de precauciones.

No puede haber imágenes de ellas cantando o bailando, ni con la vestimenta propia de la ópera. De hecho, en el folleto promocional aparecían todas con velo, aunque luego salieran a escena con el pelo y los brazos al descubierto.

Una vestimenta, en el caso de “Carmen” muy flamenca, que las artistas pagan de su propio bolsillo ya que la música de mujeres en Irán no tiene patrocinadores, lamentó la soprano Milaní, quien destacó como un gran obstáculo la selección de las voces y su adaptación a cantantes femeninas.

Para uno de los papeles masculinos de “Carmen” optaron por ejemplo por una mezzosoprano, para darle un tono algo más grave al no poder contar con un tenor o un bajo. Un problema que se extiende también a las bailarinas.

“Tenemos muchas limitaciones porque como los hombres no pueden vernos bailar, estamos obligadas a usar mujeres para los personajes masculinos y sus movimientos y carácter son difíciles de representar por una bailarina”, explicó la directora de escena y coreógrafa Hayedeh Kishipour.

La coreógrafa, que empezó a integrar poco a poco el ballet en sus actuaciones de baile folclórico iraní hace tres décadas, para “camuflarlo”, lamentó también que no pudieron decorar la escena debido al gasto que supone.

Solo pueden actuar en dos salas de Teherán y además, como denunció Kishipour, les ofrecen únicamente el horario de las 2 de la tarde, que es “el tiempo muerto de una sala”.

“Rápidamente debemos arreglar todo porque, como somos todas mujeres, no podemos coincidir con los hombres, y tampoco tenemos derecho a hacer publicidad”, añadió la coreógrafa, a quien hace años le censuraron un vals de “Las bodas de Fígaro” de Mozart porque las bailarinas giraban.

Aunque no cubren los gastos de las obras, aguantan “todos esos problemas para mantener viva esta cultura y por amor a la profesión”, remarcó Kishipour.

Para Milaní, estas limitaciones alimentan su “imaginación” y aunque a veces cunde el desánimo y piensan que es “la última vez” que llevan a escena una obra, siempre acaban optando por “seguir trabajando”, como demuestra que ya tengan en mente nuevos proyectos. EFE

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